Blog de salcidoA

Pastilla anticonceptivo

Actualmente se estima que, desde 1956, cuando se llevaron



a cabo las primeras pruebas clínicas, más de cien millones de mujeres alrededor del mundo han tomado anticonceptivos orales. Para 1966, seis años después de que se introdujera por primera vez al mercado de Estados Unidos, más de 10 millones alrededor del mundo ya consumían píldoras cada año. De ellas, entre cinco y seis millones eran estadounidenses, y solamente dos millones latinoamericanas. La píldora no sólo es una de las formas más populares de anticoncepción, es también la droga más amplia y regularmente consumida en el mundo.

 

Vista como una de las más importantes aportaciones a la planificación familiar del siglo XX, la píldora fue la primera forma de anticoncepción que se originó a partir de un conocimiento científico de la fisiología reproductiva. A diferencia de la mayoría de las otras formas de medicamentos usados para prevenir o curar enfermedades, los anticonceptivos orales son únicos, ya que fueron diseñados para administrarse a mujeres saludables por largos periodos, por lo que necesitaron más monitoreo y regulación que los aplicados hasta ahora a otras drogas.

 

Sin embargo, la píldora anticonceptiva representa mucho más que una revolución en anticoncepción y en la historia de la farmacéutica. Muchas personas consideran que el uso de la píldora es el catalizador de la revolución sexual y social que se dio en las décadas siguientes.

 

La píldora fue desarrollada cuando había gran optimismo acerca del futuro de la ciencia y de su capacidad para resolver todos los problemas económicos y sociales, y representa un hito en la victoria de la ciencia sobre la naturaleza. Al aparecer, en el momento en que se inicia la rápida expansión de los bienes manufacturados como la aspiradora, la televisión y muchas otras innovaciones tecnológicas como la carrera espacial, la píldora fue presentada como la respuesta a la catástrofe social y económica que se atribuía a la explosión demográfica en el mundo, particularmente el subdesarrollado.

 

A pesar de que cientos de mujeres tomaban y toman la píldora, su promoción y aceptación ha sido y continúa siendo sujeto de mucha controversia y no puede ser únicamente vista como un triunfo sólo de la ciencia. Tampoco se puede situar la aparición de la píldora en un solo momento. Su desarrollo estuvo muy ligado a la expansión de un amplio rango de disciplinas, como la bioquímica y la endocrinología a principios del siglo. De igual forma se la puede asociar a los amplios cambios en las actitudes sociales y políticas hacia el crecimiento poblacional, la anticoncepción y el status, y la salud de la mujer en la sociedad.

 

La progesterona, una opción

 

Antes de 1905, año en que el sistema hormonal fue descubierto, los médicos y los científicos partían de que la actividad sexual y el sistema reproductivo estaban gobernados por el sistema nervioso. Para los años veinte y treinta, sin embargo, el sistema hormonal fue mejor conocido médicamente y la producción de hormonas se convirtió en un gran negocio de la industria farmacéutica. Por lo tanto, las hormonas representaban un gran potencial para curar muchas enfermedades. La confianza en ellas como cura terapéutica fue reforzada por las nuevas terapias desarrolladas a partir del descubrimiento, a principios del siglo, de la insulina y la tiroides.

 

La manufactura de hormonas fue inicialmente un proceso muy caro, basado en la extracción de hormonas naturales de glándulas, bilis y orina de animales. Para los años cuarenta y cincuenta se desarrollaron nuevas técnicas que permitieron su manufactura a partir de material vegetal, lo que representó menos gasto.

 

Estos desarrollos en la industria de las hormonas coincidieron con un creciente conocimiento del sistema reproductivo. Ya en 1897 se había postulado que el cuerpo lúteo del ovario era crucial para la ovulación, pero el verdadero mecanismo de cómo funcionaba permanecía siendo un misterio, hasta que cuatro grupos de científicos en Europa aislaron la hormona femenina, la progesterona, en 1934. A fines de los años veinte, el estrógeno, la otra hormona femenina, fue aislada en Holanda. De manera similar los años treinta fueron testigos del primer avance en el conocimiento acerca de la cronología de la ovulación de la mujer, al separarse la ovulación de la menstruación desde el principio y colocándola a la mitad del ciclo.

 

Para fines de los años treinta, las hormonas femeninas eran un componente clave en los tratamientos ginecológicos de los desórdenes menstruales y otros problemas de la mujer. Sin embargo, la producción de hormonas como la progesterona seguía siendo muy costosa, y éstas eran muy poco efectivas si no eran inyectadas en dosis grandes. La progesterona se elaboraba a partir de productos hechos por medio de la oxidación del colesterol, pero la cantidad obtenida era muy baja. Para la mitad de la década de los cuarenta se lograron muchos avances en la manufactura de progesterona como resultado de los experimentos con algunos tipos de raíces de plantas (barbascos) como las especies de Dioscorea, que permitieron a los científicos obtener el compuesto diosgenina como material barato para producir progesterona en grandes cantidades.

 

Descubierta, en principio, por el químico japonés Tsukamoto y Uemo en 1935, la obtención de diosgenina a partir de las plantas resultó útil a Russell Marker, un químico que trabajaba en la Universidad de Pensilvania en los Estados Unidos de Norteamérica, quien a fines de los años treinta experimentaba con diosgenina para preparar esteroides, como la progesterona. Uno de los problemas que Marker enfrentó fue conseguir grandes cantidades de Dioscorea, que le permitieran producir diosgenina en proporciones altas. La planta usada por Tsukamoto y Uemo sólo produjo una pequeña cantidad de diosgenina, 0.5%. Marker resolvió el problema de dos formas: primero desarrolló un proceso químico de cuatro pasos que convertía el material vegetal en una alta producción de diosgenina, y segundo, buscó nuevas especies que le proveyeran de abundante diosgenina. Con la pista de algunas plantas encontradas en el sur de Estados Unidos, gracias a la ayuda de Antonio Hernández, un botánico mexicano y con presupuesto de la compañía farmacéutica, Parke-Davies, montó una expedición en busca de nuevas plantas en México a fines de los años treinta. De todas las plantas investigadas, la “cabeza de negro” pareció ser la más útil. Esta planta crecía silvestre en Veracruz y se encontró que contenía 2.5% de diosgenina.

 

El interés de Marker por la diosgenina tenía que ver con el creciente interés comercial en el tratamiento de desórdenes ginecológicos por medio de hormonas, así como en la búsqueda de una cura de la artritis. A principios de los años cuarenta, la progesterona producía atractivas ganancias de hasta 80 dólares por gramo. En un corto periodo Marker había convertido aproximadamente 10 toneladas de plantas en 3000 gramos de progesterona. A pesar del potencial de sus experimentos, ninguna compañía farmacéutica lo respaldaba, en parte por el inicio de la Segunda Guerra Mundial y en parte porque el compuesto obtenido por Marker era inefectivo en la forma en que estaba.

 

Así, Marker decidió manufacturar el producto bajo su propio riesgo y sin apoyo financiero de compañía farmacéutica alguna. La descripción que Marker hace de sus experiencias revela la naturaleza aislada de su trabajo: “Retiré del banco la mitad de mis magros ahorros y regresé a México. Recolecté 9 o 10 toneladas de raíces que los nativos buscaban para mí. Hice esto entre Córdoba y Orizaba, cerca de Fortín. El hombre que recolectó el original tenía… una pequeña tienda y un pequeño lugar para secar café cruzando la calle. Recolectamos el material, lo partimos en pequeños pedacitos y lo secamos al Sol. Me lo llevé a la ciudad de México. Encontré a un hombre que tenía algunos extractores allá y procesamos el material con alcohol y lo evaporamos hasta obtener un concentrado líquido.” Marker se llevó el material para su procesamiento posterior al laboratorio de un amigo en Estados Unidos, donde obtuvieron un total de tres kilogramos de progesterona.

 

A pesar de su éxito, a Marker le faltó el respaldo de una compañía farmacéutica para explotar su nuevo producto. En 1944 se dirigió a una pequeña firma mexicana, Laboratorios Hormona, para establecer una nueva compañía farmacéutica que se llamó Syntex, en la ciudad de México. Un año más tarde, Marker dejó Syntex después de un desacuerdo sobre pagos y ganancias, y dejó tras él una sustancia que haría famoso el nombre de Syntex en el desarrollo de la cortisona, y daría un impulso a la industria química mexicana, colocándola en una buena posición en la carrera para producir progesterona efectiva y barata.

 

No fue sino hasta 1951 cuando el químico austrohúngaro Carl Djerassi y el estudiante mexicano Luis Miramontes sintetizaron la 19-nor-17 etniltestosterona (conocida genéricamente como Noretisterona o Noretindrona), de la que surgió la posibilidad de desarrollar anticonceptivos orales. Un año más tarde, Frank Colton desarrolló un compuesto similar, el Noretnodrel, en la compañía farmacéutica G. D. Searle en Illinois.

 

Dos mueres patrocinadoras

 

De lo contado hasta ahora podría desprenderse que la formulación de la píldora fue simplemente la culminación natural de los grandes avances de la industria hormonal y del creciente conocimiento de la fisiología de la reproducción. Pero, como en el caso de todas las tecnologías, su desarrollo está enraizado en el clima social y político de la época.

 

A pesar de que se habían llevado a cabo campañas desde el inicio del siglo para incrementar la disponibilidad y el conocimiento acerca de la anticoncepción, el control de la fertilidad permanecía como un asunto tabú en el ámbito social y político de mediados de los años cincuenta. Igualmente en los círculos científicos, médicos y farmacéuticos bien establecidos, la investigación en anticonceptivos era vista frecuentemente con desdén. Así, mientras algunos científicos en Alemania, Gran Bretaña y Estados Unidos hacían hipótesis acerca de la posibilidad de desarrollar un anticonceptivo oral, a principios del siglo XX, con base en el creciente conocimiento de fisiología reproductiva, muy pocos estaban interesados en financiar o conducir dichas investigaciones por miedo a reducir su respetabilidad. Había otros fuertes obstáculos que evitaban tal investigación. En Estados Unidos las leyes Comstock, aprobadas en 1873 y no revocadas sino hasta 1971, hacían que los estudios sobre anticonceptivos fueran ilegales en un buen número de estados, principalmente en Massachusetts y Connecticut.

 

La fuerza de los impedimentos que enfrentaban los investigadores puede verse en la larga y feroz lucha que muchos activistas, particularmente mujeres, habían librado desde finales del siglo XIX por el derecho al conocimiento de la anticoncepción y las formas de controlar la fertilidad. Muchos activistas sufrieron persecución legal y prisión como resultado de sus campañas. Una de las figuras más importantes en esta batalla fue Margaret Sanger.

 

Originalmente impresionada por la mala salud de las mujeres y las altas tasas de mortalidad materna, de las que fue testigo mientras trabajaba como enfermera en la parte sureste de Nueva York, Sanger tuvo éxito al establecer algunas clínicas de control natal en Estados Unidos, y una organización internacional para promover la investigación en anticonceptivos. Uno de sus propósitos era encontrar un método de anticoncepción para mujeres que estuviera separado del coito y que idealmente pudiera ser oral. Sanger era apoyada en su trabajo por la sufragista Katherine McCormick, quien por años había hecho campaña para el control natal en los suburbios, donde el empobrecimiento de las mujeres estaba relacionado con su falta de capacidad para controlar su fertilidad. Habiendo heredado de su esposo la fortuna de una familia que había fundado la International Harvester Company, McCormick se convirtió en la mayor patrocinadora del desarrollo de la píldora en los años cincuenta, ya que contribuyó con un total de dos millones de dólares a la investigación.

 

En su búsqueda para que alguien tomara el proyecto del desarrollo de la píldora, Sanger y McCormick encontraron al biólogo Gregory Pincus, que trabajaba en la Worcester Foundation for Biological Research, una institución a la que McCormick había previamente apoyado para llevar a cabo investigación en esquizofrenia. Como codirector de la Worcester Foundation for Experimental Biology en Shrewsbury, una institución privada de Massachusetts, Pincus había tenido mayor libertad para hacer investigación en anticonceptivos que la que habían obtenido otros investigadores que dependían de los presupuestos gubernamentales. Pincus, quien se apoyaba fuertemente en donaciones y fondos privados, vio en la píldora un ejercicio de investigación potencialmente lucrativo para la fundación Worcester, así como una forma de avanzar en su carrera profesional.

 

La búsqueda de un anticonceptivo oral

 

Pincus era la persona indicada para llevar a cabo el desarrollo de la píldora anticonceptiva oral. Desde sus años de estudio de posgrado había estudiado el mecanismo de fertilización, y para principios de los años cincuenta era un experto en fisiología sexual de los mamíferos. La investigación de Pincus para entender el proceso de desarrollo de la fertilización buscaba ayudar a los expertos médicos a prevenir el aborto espontáneo y los desórdenes menstruales. Sin embargo, durante los años treinta, Pincus causó alboroto entre las comunidades científicas debido a sus experimentos con la fertilización in vitro de óvulos de conejo, y sus declaraciones de haber producido conejos partenogenéticos (sin participación de un padre). A pesar de ello, para los cincuenta era un líder clave en el campo de la investigación en hormonas y esteroides, y se había convertido en consultor de la compañía farmacéutica G. D. Searle. Mediante su contacto con Searle y otras compañías farmacéuticas no sólo reunió fondos para mantener la fundación Worcester, sino también tuvo acceso a los descubrimientos más recientes en la química de los esteroides. Para los cincuenta, la fundación Worcester se había convertido en un lugar clave para muchas de las compañías que probaban los efectos fisiológicos de sus nuevas drogas.

 

En la fundación Worcester, Pincus tenía a su disposición un equipo de científicos y técnicos quienes trabajaban en gran variedad de proyectos que tenían que ver con fisiología reproductiva y endocrinología. Entre ellos estaba el científico de origen chino Min-Chueh Chang, cuyo trabajo anterior en la fundación era la investigación sobre el proceso de fertilización.

 

Fue precisamente a Chang a quien Pincus encargó el trabajo inicial en animales para el desarrollo de la píldora. Mientras Chang emprendía la planeación de las pruebas iniciales, la mecánica crucial de los experimentos fue llevada a cabo por los técnicos. Para 1954, la técnica Anne Merril era la jefa de las pruebas en animales y en mujeres reclutadas para los primeros ensayos en humanos.

 

Mucho del trabajo en la fundación Worcester estaba inspirado en la experiencia en endocrinología y fisiología reproductiva que se tenía desde principios del siglo XX. La estimulación más directa del trabajo inicial en la píldora venía de varios experimentos en animales conducidos por Makepeace, Weinstein y Freedman en los años treinta, quienes habían mostrado que la progesterona podría ser usada para prevenir la ovulación. Entre 1951 y 1952, Chang comenzó las investigaciones para buscar el mejor método y la dosis apropiada para administrar progesterona para prevenir el embarazo. Dirigió las pruebas con dosis variadas de progesterona natural y administró la sustancia en tres formas diferentes: oral, por inyección y por vía vaginal. Cada animal era examinado para medir los efectos fisiológicos precisos de la progesterona, lo que implicaba examinar su impacto en los espermatozoides, penetración de los espermatozoides al óvulo, viabilidad del óvulo no fertilizado, división del óvulo y crecimiento del blastocisto, y finalmente su interacción con el mecanismo de implantación.

 

Chang usó dos tipos de animales para sus experimentos: conejos y ratas. Los conejos porque ovulan sólo diez horas después del cruzamiento, por lo que eran particularmente útiles para controlar y detectar la ovulación. Al mantener a los conejos en aislamiento estricto de otros animales por un cierto número de semanas, la progesterona podía ser administrada y el animal monitoreado con facilidad para detectar la supresión de la ovulación. A diferencia de los conejos, las ratas tienen ovulación espontánea en el curso de su ciclo estral y pueden ser fácilmente comparables con las hembras humanas. Sin embargo, la ovulación no es tan fácil de observar en ratas, ya que se necesita más tiempo y procedimientos más complicados que los llevados a cabo en conejos.        

 

En enero de 1952, Pincus dio a conocer que la progesterona había suprimido de manera eficaz la ovulación y evitado el embarazo sin destruir la fertilidad de los animales a largo plazo. Era más eficiente y trabajaba por largos periodos cuando se administraba en dosis altas. Una dificultad era que mientras Pincus y otros sentían que un anticonceptivo oral era mejor a uno inyectable o vaginal, la progesterona parecía ser más fuerte al inyectarse que al administrarse por vía oral. Por lo tanto, mucho del trabajo con animales se guió hacia la búsqueda de una sustancia química que pudiera ser más activa oralmente. Entre 1952 y 1953 una gran variedad de compuestos, incluyendo las progestinas sintéticas, se probaron en animales. El propósito explícito de estas pruebas fue encontrar una sustancia adecuada para humanos. Hasta que se probó en animales, la acción de cada compuesto era completamente desconocida. En cada caso un grupo de control de animales fue monitoreado para determinar el efecto estándar esperado al aplicar distintas dosis de hormonas puras, y después contrastado con los resultados observados en animales a los que se dieron compuestos sintéticos. Los experimentos en animales continuaron durante toda la década de los cincuenta, el propósito principal era probar distintas sustancias tanto en su toxicidad como en su efecto en la inhibición de la ovulación antes de ser administradas a mujeres.

 

La lógica de usar animales en las pruebas preliminares era que el proceso de reproducción finalmente era el mismo en animales y en humanos. En teoría, los experimentos llevados a cabo en los animales y los efectos que se observaron eran fácilmente transferibles a mujeres. Pero aunque las pruebas en animales probaban que los compuestos progestacionales no tenían efectos colaterales adversos y que efectivamente controlaban la ovulación, nadie podía estar seguro de sus efectos en mujeres.

 

Desde los años treinta, la progesterona y sus derivados sintéticos habían sido administrados a mujeres por los médicos, principalmente en casos de desórdenes ginecológicos y reproductivos.

 

Ese trabajo había indicado que la progesterona podía ser usada en humanos en grandes dosis y por largos periodos sin efectos adversos. Ésta fue una de las razones por las que Pincus escogió enfocarse a la progesterona y sus derivados más que a los estrógenos y andrógenos, que se sabía tenían efectos colaterales. Sin embargo, permanecía como un misterio el que los compuestos progestacionales pudieran ser usados como un anticonceptivo oral efectivo. La progesterona había sido probada ampliamente durante la fase lútea del ciclo menstrual de las mujeres, mientras que se sabía muy poco acerca de su impacto en la etapa preovulatoria del ciclo, lo que era crítico para decidir si la progesterona podía ser potencialmente un anticonceptivo oral. Salcido

Comentarios

No hay ningún comentario

Añadir un Comentario: